Esto de los Vati Leaks. Debiste ser tú. Tiene todo tu sello. ¡Confiesa!
-2:34 AM. Me ha despertado con sobresalto mi más terrible pesadilla. Haber revivido con un realismo como nunca antes aquél accidente en que contra toda explicación, no se me fue la vida. Una hora después, no logro conciliar el sueño. Esta pesadilla me ha confrontado con mi más terrible miedo: el instante de mi muerte.
Porque creo en Dios sé acogerme a sus manos y esperar la resurrección. Pero el instante mismo de la muerte, me aterra. Sin duda por lo que viví en el accidente aquél.
Estudiaba la universidad y planeaba inscribirme a un curso de verano. La universidad donde estudiaba estaba a 42 Km de mi casa. Tenía dos opciones para ir a inscribirme: tardar dos horas de ida y otras más de vuelta tomando el metro y el autobús. O bien, ir en el auto de un amigo con quien por costumbre viajaba para ese tipo de trámites.
Me llamó una noche antes para pedirme que lo acompañara en su auto. Por alguna razón inexplicable, me rehusé. El insistió. Inventé cualquier pretexto. Mi mamá se dio cuenta y me reconvino
-Ya, dile que sí, no le hagas la grosería de cortarlo. El te está insistiendo y siempre te vas con él. ¿Ahora por qué no quieres?
Ni yo mismo entendía por qué me estaba negando, pero ante la insistencia de mi madre, cedí. A pesar de que algo muy fuerte me hacía sentir que era mejor esta vez no ir con mi amigo. Al día siguiente fuimos a la universidad y nos inscribimos al curso de verano.
Era hora de volver a casa. Como veníamos con la novia de mi amigo, tomé el asiento trasero de un Nissan rojo de transmisión automática, que prestaban sus tías a mi amigo para ir a la universidad. Era 1991. En ese tiempo no era obligatorio usar los cinturones de seguridad. Pero yo tenía la costumbre de siempre usarlo, a pesar de las ocasionales burlas de algunos amigos que me tachaban de exagerado. Sin embargo, esta vez, contra el hábito firme al que me había yo mismo acostumbrado, no lo usé.
Llevaba yo los pies cruzados delante del asiento. A unos kilómetros de la universidad me dije
-Es mejor ir bien sentado, no vaya a suceder algo.
y cambié de posición, con las piernas derechas y los pies bien firmes en el suelo.
Entramos a la autopista. Se encontraba en reparación y varios kilómetros tenían la grava suelta. La velocidad máxima permitida por las señales era de 80 Km/hr en condiciones normales. Pero con la grava suelta había innumerables señales que advertían bajar la velocidad.
Mi amigo conducía a toda prisa a fin de hacer rabiar a su novia. Era una broma pesada que le divertía gastarle. Ella se ponía nerviosa y se enfurecía. Yo también me ponía nervioso. Escuchaba la grava suelta repiquetear con furia por debajo del auto. Ibamos por el carril de baja velocidad a 110 Km/hr.
Nos acercamos al auto que venía delante. Mi amigo quiso rebasar a toda velocidad cambiando abruptamente al carril central. Pero la grava estaba suelta. El tiempo se detuvo…
Cuando uno está a punto de morir, todo se mueve en cámara lenta. Piensa uno tantísimas cosas en breves instantes. Lo que sucede realmente es que quizás como parte del instinto de conservación, la mente procesa la información a una velocidad altísima, dando la impresión de que todo sucediera en cámara lenta.
En esa cámara lenta vi cómo mi amigo perdía el control de su auto. De pronto golpeamos a un auto que venía en el tercer carril.
-¡Oh no! Ahora voy a tardarme horas en llegar a mi casa porque esto nos costará tener que esperar a que vengan los ajustadores de seguros y declarar ante la Policía.
En esa cámara lenta, esa fue mi primera preocupación. Pero de pronto viajábamos en reversa. Habíamos girado 180 grados y veía a través del parabrisas todos los autos venir en dirección nuestra.
Fue entonces que pensé que había llegado mi hora de morir. Pensé tantas cosas y en tantas personas. Pensé en mis papás y me dolió en el alma cómo habrían de sufrir tras verme perdido. Le pedí perdón a Dios por cada uno de mis pecados. Le pedí que tomara mi vida en sus santas manos.
Así en reversa y en esa impresionante cámara lenta, entramos de nuevo al carril central, luego al carril derecho de baja velocidad, que ahora quedaba a nuestra izquierda pues seguíamos en sentido contrario. Luego salimos de la autopista.
-¡NOS VAMOS A VOLTEAR!
Fue el grito desesperado de la novia de mi amigo.
Subí entonces las manos para sostenerme del toldo del auto y esperar el momento del volteo, en un afán de impedir romperme el cuello.
En cámara lenta giramos hasta quedar de cabeza mientras el metal crujía con un ruido espeluznante.
De pronto me vi recostado bocarriba con el asiento del auto rozándome la cara. El tiempo había vuelto a la normalidad. La cámara lenta se había desactivado. Recordé que en las películas los autos volteados siempre estallan. ¡Tenía que salir de inmediato! ¿Pero cómo si las ventanillas estaban cerradas y el asiento del auto comenzaba a oprimirme?
En una fracción de segundos alcancé a ver a mis pies que la ventanilla estaba abierta. Era la ventanilla de la portezuela opuesta a donde venía yo sentado. ¿Quién la abrió si yo jamás lo hice? No lo sé. Pero estaba abierta y arrastrándome como pude a toda velocidad, escapé del auto por ahí.
Al salir estábamos ya rodeados de un sinnúmero de personas. Mi amigo estaba ido, totalmente en shock. Su novia histérica. Alguien tenía que tomar el control de la situación. Llegaron patrullas, una ambulancia se quiso llevar a la novia de mi amigo. Viendo yo que se veía bien, lo impedí ante el enojo de los paramédicos. Pero en ese tiempo casi nadie usaba teléfono celular. Nosotros mucho menos. No podía consentir que se la llevaran sin saber yo dónde estaría pues tenía que dar aviso a sus papás.
Cómo me dolió que toda la gente pensara que el conductor era yo. Llegaron más patrullas. Los policías empujaron el auto para volverlo a poner en pie. Al hacerlo, descubrieron que al voltearnos el auto había roto un arbolito recién plantado.
-Lo siento joven, romper un árbol en un accidente es un delito contra la nación. Tendremos que llevarnos al conductor detenido.
Recordaba bien que en mis clases de Derecho Positivo en la preparatoria nos habían explicado esta ridícula ley, así que sabía que los policías estaban en lo cierto. Pero con rabia también sabía que se estaban aprovechando de la situación para sacarnos un buen dinero y que no arrestaran a mi amigo.
Pero dinero no llevábamos. Una buena señora nos prestó su celular. La novia de mi amigo marcó a su casa y con histeria dijo de inmediato al que contestó
-¡No nos pasó nada! ¡No nos pasó nada! ¡No nos pasó nada!
Le arrebaté el teléfono y con toda calma expliqué a su hermana que habíamos tenido un percance y dónde nos encontrábamos. Al poco tiempo llegó pues se encontraba cerca.
Llamé a mi casa y expliqué que llegaría muy tarde. Mi amigo ya había vuelto en sí y llamó a su papá para que viniera a la delegación de policía por él. Los policías detuvieron a mi amigo por el arbolito roto y lo metieron en una patrulla. No quise dejarlo solo. Subí a la patrulla con él.
Ya en la delegación, llegaron los peritos. Tras realizar el peritaje pidieron a los policías los certificados de defunción para anexarlos a su reporte. No había tales pues nadie había muerto.
-¿Cómo no hubo muertos? ¿No venía ningún pasajero atrás? Es imposible que se hubiera salvado, el asiento trasero quedó totalmente prensado por el toldo del coche.
Pues no hubo muertos. Y el pasajero de atrás era yo. Irónicamente me había salvado el no ponerme el cinturón de seguridad por primera vez en muchos años. De haberlo usado, no hubiera podido girar y quedar erguido para escurrirme por aquella ventana que yo no abrí pero que estaba abierta. Con el cinturón hubiera girado sentado con el auto cuyo peso me habría triturado de cabeza.
Llegó el papá de mi amigo. Lo extorsionaron con $3,000 pesos con tal de no llevar a la cárcel a su hijo por el dichoso arbolito. Por fin me llevaron de vuelta a casa.
Me ardía la espalda. Tenía un fuerte raspón en el omóplato izquierdo. Mi camisa y cabello estaban llenos de tierra. Pero me sentía bien. No me dolía nada… todavía.
Esa noche no pude dormir. Al igual que esta noche en que he revivido esta experiencia. Revivía una y otra vez todo el accidente. Siempre en cámara lenta. Siempre con precisión instante a instante. Siempre con angustia creciente.
Por fin se hizo de día. Intenté levantarme. Pero no pude hacerlo. Me dolía hasta el último cabello. No podía mover el brazo derecho. No sentía la pierna derecha. La pierna izquierda por el contrario no toleraba siquiera el roce de las sábanas pues el puro contacto con la piel provocaba un dolor acuciante.
Llorando del dolor por el esfuerzo, pude sentarme y luego ponerme en pie. No podía dar pasos de más de 30 cm. Los estudios médicos determinaron que al ir en el asiento trasero, mi cuerpo rebotó por doquier provocando un golpe en la cadera que desvió todas las vértebras inferiores a la izquierda. El cuerpo como reflejo para compensar y mantener mi cuerpo erguido, desvió todas las vértebras superiores a la derecha Sólo dos vértebras quedaron en su lugar: la 5a y 6a dorsales. Las vértebras mordían nervios aquí y allá, inmovilizando mi brazo derecho, eliminando la sensibilidad de la pierna derecha y exacerbando la sensibilidad de la izquierda.
Tomó seis meses de terapia diaria volver a la normalidad. El curso de verano quedó en el olvido. Perdí un semestre de la universidad lo que retrasó seis meses mi graduación más adelante.
Pasaron años para que pudiera volver a sentarme en un asiento trasero sin sentir una angustia inmediata. Pasaron más años para poder entrar en una autopista a menos que condujera yo mismo. Gracias a Dios todo eso ha quedado superado. Pero no todavía mi miedo al instante de mi muerte.
A partir de ese día le pido a Dios que no me deje morir sin haber cumplido mi misión en esta vida. Y Dios ha escuchado mis ruegos. Al menos dos veces más en que también una fuerza inexplicable me hizo presentir que algo iba a suceder… Y sucedió…. (Continuará).
-Mauricio
-Me prometí este año no quejarme de nada que no estuviera en mis manos ayudar a cambiar o corregir. ¿Para qué? No tiene caso. Si uno no puede ayudar a cambiar lo que uno en conciencia sabe que está mal, quejarse no tiene objeto. Sin embargo, esta vez no puedo resistirme. Al menos me alegro de constatar que han pasado cuatro meses del año y he permanecido fiel a éste que en el ocaso del 2011 era uno más de mis propósitos para el año nuevo. Así que tal vez pueda permitirme por esta vez echarme una cana al aire.
Pero es que no son maneras. Digo, a todos nos queda claro que debemos ayudar a sostener financieramente a nuestra queridísima Iglesia Católica. Para la parroquia, las hostias, cuestan. Las velas, cuestan. La luz, cuesta ¡y mucho! Y los enseres para limpiar los suelos, sacudir los santos y pulir las bancas. Y las hojitas con las lecturas de la misa o los misales para los fieles. Y los salarios de los empleados de mantenimiento y de la oficina. Y la jardinería. Y la internet y la página web de la parroquia.
Y a nivel diocesano, cuestan los seguros médicos para los sacerdotes y empleados. Y cuesta la papelería y los promocionales en radio en pro de la vida y la publicación del periódico gratuito. Cuesta la colegiatura de los seminaristas y la formación de los diáconos permanentes. Y se necesita dinero para las obras de beneficencia, para el albergue para los que no tienen techo, para las becas en las escuelas católicas parroquiales y para tantas cosas más.
Todo esto nos queda claro y claro nos queda que debemos ayudar financieramente a la diócesis con nuestro diezmo y a la parroquia con nuestra limosna. Ayudar a las necesidades de la Iglesia es uno de los Mandamientos de nuestra Santa Madre Iglesia que sigue tan vigente como cualquiera de los 10 Mandamientos del Decálogo. Así las cosas, sería yo un egoísta si me quejara de la obligación que tenemos de ayudar a sostener nuestras parroquias y nuestras diócesis. Y no, mi queja no va por ahí en lo absoluto. De buena gana ayudo en lo que puedo a nuestra Iglesia.
Pero es que en definitiva, no son maneras. En la diócesis donde vivo se acostumbra solicitar el diezmo el Domingo del Buen Pastor. Entre los 52 domingos del año, algunos destacan por su tema litúrgico. Otros no tanto. Y escoger justo el Domingo del Buen Pastor pudiendo escoger otro domingo, me parece exageradamente arriesgado. ¿Por qué? Por la creatividad -y la comodidad- de tantos párrocos que teniendo que solicitar el pago del diezmo, se desentienden de la homilía y la sustituyen con la petición del pago del diezmo. Algunos lo hacen de manera cómica para sobrellevar lo dificultoso que resulta pedir dinero. Otros lo hacen de manera teatral, actuando desde el ambón su propio donativo, fingiendo llenar el sobre frente a todos, para hacer que todos llenen su sobre en ese mismo momento. Otros más, para evitar hacerlo ellos, invitan a algún laico de buena retórica a hacer la petición en su lugar.
Lo malo está en que todo esto se hace usualmente sacrificando la homilía. Privando a los fieles de profundizar en la Palabra de Dios. Dejando al Buen Pastor que busque su oveja perdida solo. “Al fin que se fue lejos a buscarla y no se dará cuenta de lo que sucede en su Cenáculo”, pensarán los párrocos que así proceden. Y como si hubiera dejado encargado el rebaño de las otras 99 al párroco mientras tanto, éste entretiene a las ovejas pidiendo el diezmo de la manera más audaz que pueda ingeniar.
Me había prometido no quejarme si en nada podía yo ayudar a cambiar las cosas. Pero es que insisto: no son maneras. Este año en mi parroquia en vez de homilía se montó una pantalla en el altar y con un proyector desde el pasillo central se exhibió un audiovisual en que el obispo pide a los fieles que colaboren con su diezmo.
Seguro estoy que el obispo filmó ese video con la mejor intención de entusiasmar a los fieles a contribuir con el necesario diezmo. Pero más seguro estoy que el obispo jamás dio la orden de exhibir el video remplazando la homilía. Si de plano había que exhibir el video por orden episcopal, era preferible hacerlo al final, al momento de los anuncios.
Simplemente, no son maneras. Pero de todo tiene uno que ver en la viña del Señor.
Una de las cosas de la Iglesia Católica en los Estados Unidos que resulta distinta a la Iglesia en nuestros países latinoamericanos, es que en América Latina los templos y catedrales fueron erigidos al principio por la corona española. Pero acá las iglesias siempre han tenido que ser construidas y sostenidas exclusivamente por los fieles y sus bolsillos. Por ello en América Latina los fieles no están acostumbrados a que se les exija contribuir financieramente con la Iglesia, en tanto que acá es lo más natural y habitual. Es por ello que una vez al año, las diócesis piden a los fieles que se comprometan a pagar como diezmo cierta cantidad, misma que las diócesis se encargarán de recordar a los que por alguna causa resulten morosos.
Cada año, las diócesis en los Estados Unidos definen para cada parroquia una cantidad obligatoria que deben recolectar de sus fieles como pago del diezmo. Si el párroco no es capaz de recaudarlo todo, el faltante debe salir del fondo de ahorro de la parroquia, lo cual no es benéfico para la parroquia misma. Pero como fuerte incentivo, si por el contrario el párroco logra recaudar más de lo que la diócesis le ha fijado, la diócesis le devolverá a la parroquia el excedente para que se emplee en un proyecto previamente aprobado por la diócesis. Es de estos excedentes que las parroquias logran ampliar o construir sus salones parroquiales, comprar o renovar su equipo audiovisual, construir canchas deportivas para las escuelas parroquiales y demás.
Además del compromiso escrito de pagar el diezmo, a nivel parroquial una vez al año los fieles debemos comprometernos a contribuir cierta cantidad de dinero anual. Las limosnas se entregan en un sobre membretado con el nombre de cada familia, lo que permite a las parroquias llevar un control de los donativos de cada quien, además de poder emitir al final de cada ejercicio fiscal un recibo a cada familia que es deducible de sus impuestos (innegablemente un gran beneficio que no existe al menos en mi país natal).
Hace unos años, tuve que realizar gastos médicos inesperados. Un par de servicios dentales me forzaron a desembolsar repentinamente más de $2,000 dólares que no tenía presupuestados (acá los dentistas son exageradamente caros). Por lo mismo, me vi forzado a realizar algunos ajustes en mis gastos y también en mis donativos a obras de beneficencia, incluyendo mis limosnas a mi parroquia. No me gustó tener que hacerlo, pero no tuve más remedio.
Sucedió entonces que el encargado de la formación religiosa en la parroquia me preguntó si podría yo diseñar e impartir un taller sobre Sagrada Liturgia a lo largo de 6 semanas. Con gusto accedí. Y lo hice sin cobrar un centavo. Al final del curso quien me lo solicitó me expresó su más grande agradecimiento, pues según me dijo, al dar mi curso gratuitamente le había ahorrado a la parroquia $3,000 dólares que otra señora les cobraba por hacer lo mismo. Le respondí que lo hacía yo con mucho gusto.
Esa misma semana, recibí una carta del párroco. Me recordaba que debía $640 dólares de limosnas y me pedía que los liquidara at my earliest convenience. <Suspiro largo…> De haberlo imaginado, hubiera cobrado a la parroquia por el curso y con eso hubiera liquidado las limosnas que debía e tutti felici e contenti.
No son maneras.
Debemos ayudar a nuestra Iglesia financieramente y por seguro que lo haré como siempre.
Pero no son maneras.
-Mauricio
Mi lectura personal para esta cuaresma “Predicamos a un Cristo Crucificado” - Meditaciones sobre el Misterio de la Cruz y la Luz, de Raniero Cantalamessa, OFM Cap.
El P. Raniero Cantalamessa, franciscano capuchino, es uno de los sacerdotes que más admiro y de quienes más he aprendido en materia de espiritualidad. El P. Cantalamessa es desde los tiempos de Juan Pablo II, el Predicador de la Casa Pontificia. Es decir, es el encargado oficial de dirigir los retiros espirituales de adviento y de cuaresma del Papa. Con esto podemos darnos cuenta del calibre de este sacerdote.
Tradicionalmente, desde hace varios años ya, el P. Cantalamessa predica en la Basílica de San Pedro la homilía en la Celebración Litúrgica de la Pasión del Señor en Viernes Santo. El Viernes Santo es el único día del año en que no se celebra la Santa Misa. Esta bellísima Liturgia de la Pasión del Señor es el oficio más solemne de Viernes Santo, y en San Pedro por supuesto, es presidido por el Papa. Pero la homilía la dice el P. Cantalamessa.
Este libro “Predicamos a un Cristo Crucificado” es una compilación de estas homilías de Viernes Santo que Raniero Cantalamessa ha predicado a lo largo de los años. Será mi libro de cabecera durante esta cuaresma. Mi intención no es necesariamente acabarlo, sino leerlo a sorbos. Como se degusta una taza de buen chocolate caliente. Un capítulo por noche, o quizás un párrafo por noche, o quizás una o dos oraciones por noche, si éstas ameritan después un rato de profunda meditación en sus palabras.
Otro libro de Cantalamessa que me acompañó en una cuaresma anterior: Pascua, un Paso hacia lo que no Pasa
¡Apasiónate por Nuestra Fe!
-Mauricio
Con ánimo quijotesco se ha levantado el Bombón esta mañana. Sintiendo un tibio rayo de sol posarse sobre su frente, el Bombón arrojó a un lado las sábanas y con ímpetu se sentó en la orilla de la cama, con su pijama blanco de rayas azul claro. Rascándose la cabeza comenzó a pensar qué podía hacer para que este día sí valiera la pena y no como los 678 pasados.
-Lo tengo. Como el Quijote, voy a desfacer un agravio.
La cuestión era qué agravio desfacer. Así que como el Quijote, el Bombón intentó librar una batalla con gigantes que no eran sino molinos de viento. Una batalla quijotesca librada solamente en los terrenos de la imaginación del Bombón.
Encendió su laptop y buscó en la red por “Benedicto XVI - Fotografía”. La primera foto que el buscador arrojó presentaba al Papa entrando en procesión en una Misa Pontificia. El Papa estaba revestido con una bonita casulla blanca y su mitra. Sostenía en su mano su báculo como todo buen obispo.
El Bombón descargó la foto y en alguna herramienta para dibujar, le agregó por debajo un mensaje digno del más valiente de los valientes vengadores: “Hipócritas, con el precio del cetro y la sotana se acabaría el hambre en el mundo”. Luego la publicó en una red social para con ello agitar el mundo.
Estás de broma Bombón, ¿no es cierto? Dime que estás de broma. ¿O acaso volviste a beber de más la noche pasada? Recuerda que la otra vez acabaste militando en la Iglesia Maradoniana.
Es que honestamente, no te puedo creer Bombón. Mira que alguien que fue católico y recibió tantos dones de Dios en su vida confunda una sotana con una casulla y un báculo con un cetro… Digo, eso se lo podemos permitir a un ignorante cualquiera. Pero no a alguien que coordinó un grupo de jóvenes unidos con Cristo para siempre.
Además Bombón, tú sabes bien que el valor que tiene una casulla e incluso el de un báculo, por antiguo que sea, no dan para acabar con la pobreza del mundo ni siquiera subastándose en la cena de gala de la parroquia más nice del Puget Sound. Por eso, debes estar de broma. De lo contrario, yo iría ahora mismo a la universidad inglesa donde cursaste tu posgrado en Business Administration y les exigiría que me devolvieran mis libras esterlinas por haberme timado enseñándome a estimar tan mal.
Bombón, Bombón… Has querido dar una estocada a la Iglesia nuevamente en el heróico ruedo de una red social. ¿Cuántos de tus amigos siguieron el juego? ¿Dos o tres de tu mismo calibre? Creo que no llegaste muy lejos, como siempre te suele suceder.
Mira Bombón, ¿quién inició, convocó y encabeza el movimiento internacional al que se han unido tantos países para aportar medios para combatir el tremendo problema que se vive en el Cuerno de África? El Papa Benedicto XVI mismo. ¿Qué institución dona más dinero a nivel mundial para obras de beneficencia? La Iglesia Católica. ¿Quién cuenta con el mayor número de escuelas rurales en el mundo? La Iglesia Católica. ¿Quién cuenta con el mayor número de hospitales, orfanatorios y hospicios en el mundo? La Iglesia Católica.
¿Seguimos Bombón, o mejor pides perdón y te retiras de la habitación? Eso querido amigo, sería lo más prudente. Yo te prometo hacer que no vi nada ni oí nada. Como cuando me invitabas a comer aquellos deliciosos tacos de venadito y siempre pagabas uno menos de los que te habías zampado. Sabes que puedo guardarte también este secreto.
-
La vida es un claroscuro. Momentos de luz y momentos de sombra. En la vida como en los claroscuros, las sombras sirven para que las luces brillen con todo su esplendor.
La vida apostólica también tiene sus claroscuros. Y por igual, las sombras hacen que las luces resplandezcan con hermosura. El fin de semana pasado, expresé en una red social mi malestar por las fotos de Benetton y su supuesta disculpa cargada de hipocresía. Un antiguo profesor universitario se cogió de mi comentario para vapulearme sobre las cruzadas, el caso Galileo, los problemas de pederastia y demás. Sus críticas a la Iglesia estaban cargadas de errores de argumentación. Le di respuesta a cada uno de sus reclamos usando datos concretos. Jamás respondió. Hay personas que gustan de mirar el jardín de su vecino, entrar y criticar las flores y salirse dejando al dueño del jardín con la palabra en la boca.
Ese mismo fin de semana daba yo la última clase de un curso sobre el sacramento de la reconciliación. Antes de comenzar, se me acercó una señora para charlar en privado. Me contó que faltó a la clase anterior porque su padre está muriendo en el hospital.
-Lleva varias semanas internado y su situación no tiene remedio. Es cuestión de horas, solo estamos esperando.
A la misma hora, según el reloj de la red social, mi antiguo profesor se afanaba por criticar mi Iglesia. Entre otras cosas sentenciaba con donaire:
-Ustedes (los católicos) dirán lo que quieran, pero la Iglesia es sexista porque no admite a las mujeres en el sacerdocio… Y el caso Maciel… Y las cruzadas… Y Galileo…
Mientras el cliqueti-clac de su teclado escribía estas resentidas quejas que yo todavía no leía ni sospechaba, seguía por mi parte conversando con la mujer que había dejado a su padre moribundo en el hospital por venir a mi clase.
-La clase pasada tuve que faltar porque no quiero despegarme un minuto de mi padre. Ya le queda muy poco. Sin embargo, esta vez tuve que venir. Es la última clase y necesitaba tomarla a como diera lugar. Es que lo único que me ha mantenido con fuerza y sin perder la fe todas estas semanas mientras mi padre agoniza son tus clases. Necesitaba por eso venir a la última.
Di entonces mi última clase. Hablé sobre el perdón. Hicimos al final un ejercicio para perdonarlo todo. Lágrimas escurrieron de los ojos de muchos y muchas.
Al final de la clase volvió conmigo para despedirse la misma mujer. Le di un abrazo y le ofrecí mis oraciones por su padre, por ella y por su familia.
Llegando a casa me conecté a la red social y vi el recetario de quejas que aquél profesor me había dejado. Le respondí entonces con los datos que comenté anteriormente. El nunca respondió.
¿Pero qué importan su intromisión en mis comentarios, sus amargas quejas sobre la Iglesia y luego su silencio a mi explicación al lado de lo que viví ese mismo día en mi clase? Sin él saberlo, con sus comentarios en la red social hizo que resplandiera con más belleza esta experiencia en mi salón de clases.
Así es la vida. Con sus claroscuros.
¡Apasiónate por Nuestra Fe!
-Mauricio
-Siempre han sido dignos de mi más grande admiración aquellos que jamás en su vida van a Misa, nunca de los nuncas leen la Santa Biblia y no rezan un Padre Nuestro ni por equivocación, pero saben más teología que el Papa, más del evangelio que los cardenales y más de la historia de la Iglesia que los obispos.
Quisiera ser como ellos. Así no tendría yo que quemar tanta pestaña para saber lo poco que sé de nuestra religión.
Ante todos ellos, me quito el sombrero.
-Mauricio
-Verdaderamente no deja de sorprenderme cada nuevo descubrimento que nos confronta con la realidad de que no lo hemos visto todo en esta vida. La edad y los años de experiencia nunca son garantía de que todo se ha vivido, experimentado o conocido. No obstante, hay cosas inesperadas que al verse, conocerce o vivirse, nos dejan simplemente perplejos.
En estos días he vivido una experiencia nueva para mí. Enfrentarme a un lobo disfrazado con piel de oveja. Sabía que existían y conocía historias tristes que provocaron en otras personas decepción, desilusión, rencor, desencanto, enfado… Todos sentimientos negativos. Pero nunca había yo enfrentado semejante situación.
Una de las virtudes que más valoro en la vida es la lealtad. Ser incondicional de los amigos, aplaudirlos en las buenas, alentarlos en las no tan buenas, ayudarlos en las malas… Siempre de frente, siempre de cara, siempre en la transparencia que mantiene vivas las relaciones humanas para siempre. Me he empeñado en vivir esta virtud yo mismo y supongo que quienes han sido mis amigos muchos años lo habrán podido constatar.
Por lo mismo, uno de los vicios que más deploro es la deslealtad. Mostrar una cara por delante y otra distinta por detrás. Alentar al que corre y meterle el pie al mismo tiempo para que tropiece. Aplaudirle sus logros pero morirse de envidia por dentro y actuar en consecuencia. Ser afable en el trato diario y hablar a espaldas criticando. Enviar tarjetas en los cumpleaños y luego clavar una puñalada por la espalda en el momento menos esperado. Esto no me gusta. Y por mera prudencia -que no por falta de caridad- siempre tiendo a alejarme de quienes suelen obrar así con otros. Aunque nunca nadie lo había hecho conmigo.
Hoy he sorprendido a un lobo vestido con piel de oveja. Alguien que por más de una década se ha presentado como un amigo pero que últimamente se ha refugiado en el anonimato para enviarme comentarios deliberadamente hirientes, irónicos y punzantes. Alguien que sabe esgrimir con una destreza d’artagnanesca la espada de las palabras refinadas pero cargadas de un veneno mortal. Alguien que por disentir con la enseñanza de la Iglesia que me empeño en compartir por radio, ha vuelto una rutina el dar estocadas aquí y allá escribiendo este tipo de críticas hacia mí. Veladas pero claras, sutiles pero ásperas, de alta gramática pero de baja estatura.
Alguien que se dice mi amigo pero escribe estos comentarios escondido bajo la capa del anonimato. Escribe donde sabe que miles de personas leerán las críticas que me hace. Pero no deja su nombre, porque sabe que entre esos miles, se cuentan decenas de conocidos y amigos suyos que escuchan asiduamente mi programa y que lo hacen con agrado. Y no deja su nombre, para poder decirme lo que realmente piensa de mí y emplear los peyorativos más surrealistas que de cara y frente a frente no se atrevería a recitarme.
Su anonimato no sirvió de mucho. Tenía yo una fuerte sospecha del autor. La forma de escribir es como una segunda firma de las personas. Todos empleamos frases que nosotros mismos hemos estereotipado y recurrimos más de lo que creemos a ciertas palabras que habitualmente el resto de las personas no usan tan a menudo. Quizás fue mi instinto exegético y mi experiencia analizando textos en su estructura lo que me hizo sospechar quién estaba detrás de estos audaces comentarios. Además, quien sabe computación facilmente puede rastrear la dirección de las computadoras desde donde se deja este tipo de mensajes. Tomó comparar unos cuantos mensajes para comprobar con tristeza que la sospecha era cierta.
Hace poco, hablando por radio del V aniversario del programa, conté cómo en este tiempo el programa ha sido el medio para ganar nuevos y buenos amigos. Pero también -y mucho lo lamento- pareciera que ha sido el pretexto que necesitaban algunos amigos de antaño para romper todo vínculo conmigo.
Al iniciar el sexto año de transmisiones, me toca sumar al anecdotario el decepcionante encuentro con un lobo vestido con piel de oveja. Me duele pues como he dicho ya, la lealtad para mí es un valor capital.
Definitivamente no lo hemos visto todo, conocido todo, experimentado todo ni vivido todo. ¿Qué me falta por conocer? Habrá que ver. Aunque sinceramente deseo que este lobo con piel de oveja, sea el último que tenga que encontrar en mi camino. Porque es desencantador descubrir que quien mete el pie es el mismo que te anima a seguir adelante. Y además, a escondidas.
Al menos el Bombón siempre firma con su nombre verdadero. Y eso que él no es tan pulido.
-Mauricio
A unas horas de donde vivo, se encuentra un santuario precioso dedicado a la Virgen de los Dolores. Al entrar hay una pequeña cueva natural que han adaptado como un altar dedicado a la Virgen. Alrededor hay bancas que permiten celebrar la Santa Misa al aire libre. Un elevador conduce a la cima de un monte en el cual se puede ver de fuera un monasterio de clausura cuya orden está a cargo del santuario. Allá arriba hay jardines preciosos con ríos y casacadas diseñados para ir rezando misterio tras misterio el santo rosario, mientras se camina por los senderos.
Hace varios años, fuimos en peregrinación familiar. Mi hijo mayor tenía dos años. Ibamos con mi sobrino mayor, que tenía tan solo tres. En uno de los patios del santuario, encontraron una pequeña pileta llena de agua y como buenos niños que eran, comenzaron a salpicar con su manita. Parados de punta, pues les quedaba alta. Mi hijo salpicaba con fuerza y su primo de tres años le decía
-¡No me salpiques con agua bendita!
De bendita, no tenía nada, pues es pileta era un bebedero. Los pequeños fueron captados en un video que ahora vemos con ternura y una inevitable buena carcajada. La escena resultaba verdaderamente graciosa, sobre todo por la inocencia con que jugaban los pequeños.
Hace unos días, decidimos repetir la visita a este santuario aprovechando la visita de mi familia que vino de México. No pudimos evitar ver juntos el video de los niños jugueteando con el agua. Y estando ya en el santuario, no pudimos resistir la tentación de acercarnos de nuevo a la pileta de agua para intentar repetir la escena y captarla nuevamente en video.
Ahora los niños son más grandes. Uno tiene 9 y el otro 10. Pero siguen siendo niños. Buenos, inocentes y alegres. La pileta de agua les llegaba ahora a la cintura. Imaginarás lectora, lector querido, que tratándose de un santuario, siempre hago que mis hijos se comporten con decoro en este lugar. Llegamos tarde al santuario. No había nadie más que nosotros. Estaban incluso por cerrar. En medio de sus abuelos, mi hermana y mi esposa, pedí a los niños que uno salpicara de nuevo mientras el otro le decía “¡No me salpiques con agua bendita!”.
Apenas comenzó a salpicar mi hijo, escuchamos a lo lejos un grito lleno de furia.
-¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!
Miré atrás y vi un señor de avanzada edad, vestido como guardabosques, corriendo a toda velocidad tropezando entre las bancas de la iglesia al aire libre. Entre paso y tropiezo volvió a gritarle a los niños
-¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!
Luego llegó al patio y corrió hacia nosotros. O mejor dicho, corrió hacia mis niños. El hombre iba verdaderamente montado en cólera. Se detuvo junto a mí, como si yo no existiera, y les increpó de nuevo
-¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!
Mi hijo y mi sobrino miraban al enfurecido guardia con espanto. El talante del hombre era agresivo. Lógicamente, era mi deber ponerme frente a mis hijos, por lo que respondí yo con toda la calma del mundo.
-Están jugando simplemente. ¿Dónde está la falta?
El susodicho guardia no supo qué decirme. Comenzó a titubear. Intentaba calcular su respuesta y por fin comenzó a tartamudear
-Es que… Es que… Es que… ¡Esa agua es para los pájaros!
Al instante dio media vuelta y se alejó tan rápido como llegó.
Quien me conoce, sabe de sobra el respeto que guardo por los lugares sagrados. En honor a la verdad, este juego con el agua no tenía nada de malo. Pero comprendo en verdad a este frenético guardia.
El hombre algún día soñó con ser guardia suizo y custodiar la Plaza de San Pedro en las audiencias papales de los miércoles. Soñó con portar el uniforme azul y amarillo y una lanza en la mano para arrojarla contra cualquier bellaco que intentara agredir al Papa. Pero había un pequeño obstáculo. Este hombre no era suizo, sino americano. Así, no calificaba para la Guardia Suiza.
Por esa razón, ingresó al heróico cuerpo de guardias que custodian este santuario que visitamos. Y debe ser terrible, debemos admitirlo. Imagínate lectora, lector querido, lo frustrante que debe ser soñar con ser guardia suizo y tener por el contrario que pasar los días recorriendo jardines apacibles donde lo único que se encuentra son personas que rezan calladamente el rosario. Hacer esto por días, semanas, meses y años, debe ser exasperante.
¡Este hombre estaba hambriento de acción! Por años ha necesitado un vándalo que perseguir, un crimen que impedir, tal vez un carterista que en vez de depositar la limonsna en misa meta la mano y se embolse un puño de monedas… Pero nada.
¡Así que esta era su oportunidad! Un par de niños que en medio de sus padres y abuelos salpicaban el agua de una fuente con la mano. ¡Era ahora o nunca! ¡Había que detenerlos, gritarles, amedrentarlos, montar la escena de una persecución de película policiaca tropezándose entre las bancas y sobre todo, no quedarse con las ganas!
Pero ¿sabes? No entiendo qué logró. Pues como llegó, se fue. Tal era la cólera del hombre que por una milésima de segundo me hizo pensar que tal vez mi sobrino había tenido razón hace años cuando dijo que el agua del bebedero era bendita…
¡Claro! ¡Ahí está! El gendarme me respondió que era el agua para los pájaros. Lo que no me dijo fue que esos pájaros que se bañan en esa pileta, son descendientes de los pajaritos a los cuales predicaba san Franciso de Asís cuando nadie le quería hacer caso… ¡Haberlo dicho antes!
Mañana mismo escribiré al general de infantería del ejército que custodia el santuario de la Dolorosa. A este hombre deben condecorarlo con una medalla por su valor. Mira que como están las cosas actualmente en los Estados Unidos, en que uno puede ser demandado tan solo por mirar feo a un niño, gritarle como hizo este guardia a un par de niños ¡y tres veces! y amedrentarlos en frente de sus padres… Se necesitan agallas para hacerlo. Le reconozco a este heróico guardia su valor.
-Mauricio
Es increíble la cantidad de veces que he recibido el mismo mensaje por correo electrónico. Y siempre que lo recibo, lo reciben al mismo tiempo decenas de personas a quienes también se las envió el digital remitente.
Totalmente falso. La película “Corpus Christi” no existe. Se trata de una broma de mal gusto que ha circulado por correo electrónico desde hace varios años.
Por favor no extiendan el rumor. Y si ya se hicieron cómplices de este engaño transmitiéndolo a sus contactos, háganles saber ahora de lo que en verdad se trata. Y digan al remitente que se los envió, que por favor no use el correo electrónico para diseminar chismes. Y menos chismes tan conocidos y tan añejos.
Bombón, confiesa: ¿Acaso fuiste tú el autor de tan siniestra broma? Tiene todo tu sello.
Abajo el mentado mensaje.
¡Apasiónate por Nuestra Fe!
-Mauricio
> From: unincautoremitente
@correoelectronico.com> Subject: FW: PELICULA que ofende.. (PASALO)
> Date: Tue, 31 May 2011 11:15:04 -0500
>
>
> Debemos hacer todo lo posible para que esta película sea un fracaso de
> taquilla y así sus promotores lo piensen antes de seguir en esa línea
>
> ¿ALGUIÉN PODRÍA CREER QUE ESTOS MISMOS SE ATREVERÍAN HA HACER ALGO ASÍ SOBRE MAHOMA Y EL ISLAM?.
>
> La película “ Corpus Christi ” se va a exhibir entre Junio y Agosto de
> este año 2011.
>
> Esta película tan aberrante está programada para estrenarse en América
> este año, y muestra a Jesús y sus discípulos ¡como homosexuales!. Ya ha
> sido presentada en teatros, como obra teatral, por algún tiempo. Se titula
> “Corpus Christi ” en latín, lo que en español significa “El Cuerpo de
> Cristo”.
>
> Se trata de una repugnante burla de Nuestro Señor. Pero nosotros podemos
> hacer una diferencia. Por eso te estoy enviando este e-mail a ti. Si
> reexpides este mensaje a tus contactos, quizás podamos evitar que esta
> película se exhiba en América, o aún en África . O quizás podamos reducir
> el número de personas que la puedan ver.
>
> Defendamos aquello en que creemos y detengamos esta burla de Jesucristo.
> ¿Cómo nos vemos como Cristianos? A pesar del riesgo de molestarte, te
> estoy enviando este mensaje pues creo que lo apreciarás. Por favor,
> ayúdanos a evitar tales ofensas contra Nuestro Señor.
>
> Te tomará menos de 2 minutos reexpedir este e-mail a tus parientes y
> amigos. Mándalo en CCO: ( Para no mandar direcciones).
>
> Mira, vale la pena intentarlo. Aparentemente, algunas regiones de Europa
> ya han prohibido esta película. Todo lo que se necesita es mucha valentia
> y una “avalancha” de e-mails.
>
>
> Recuerda, Jesús dijo: “Si alguno se declara a mi favor delante de los
> hombres, yo también me declararé a su favor delante de mi Padre celestial
> y si alguno me niega delante de los hombres, yo también le negaré delante
> de mi Padre “. (Mateo 10, 32-33)
Es de elemental cortesía poner atención a quien nos está hablando. Esto por supuesto aplica también en el caso de las homilías. Y yo diría que por encima de la cortesía elemental, poner atención a quien predica una homilía es necesario para poder meditar en la Palabra de Dios que se acaba de leer en la Santa Misa.
Sin embargo, hay veces que mi impulso bíblico me lleva a dejar de poner atención a lo que predica el sacerdote o los diáconos y de pronto me descubro a mí mismo clavado en una o dos oraciones del evangelio o de alguna de las lecturas que me han llamado poderosamente la atención.
Esto me sucedió el domingo pasado, en la misa de la Ascención del Señor. La verdad es que iba yo dispuesto a poner atención a la homilía. Pero cuando los homilistas se olvidan del evangelio y comienzan a contarnos de su casa en Hawaii, de su nuevo teléfono móvil o de la vez que se quedaron sin dinero estando de crucero en Europa, no logro resistir la tentación de mejor reabrir mi gastado misal y analizar las lecturas a conciencia.
Como sabemos, el tema de la 1a Lectura siempre es el mismo tema que el Evangelio del día. En esta misa, obviamente, el tema era la Ascención de Jesús. Pero siendo el tema el mismo, atrapó mi atención lo diferente de los dos relatos:
1. La Ubicación del Evento
En la 1a Lectura, Lucas arranca sus Hechos de los Apóstoles refiriendo la ascención de Jesús tras una comida con sus apóstoles en Jerusalén.
En el evangelio, Mateo pone fin a su evangelio refiriendo como la ascención tiene lugar en un monte en Galilea.
Mi comentario: Sabemos que para Lucas, Jerusalén guarda un profundísimo significado teológico. Jerusalén es el punto donde sucede la redención, el misterio de la Pasión-Muerte-Resurrección de Jesús. También ahí vendrá el E.S. el día de Pentecostés. Por eso es que Lucas escribió su evangelio como un largo viaje en el que Jesús asciende desde Galilea hasta Jerusalén. Es de esperarse que Lucas ubique un evento tan importante como la Ascención nada menos que en Jerusalén.
2. El Encargo que hace Jesús a los Apóstoles
En la 1a Lectura, Lucas indica que Jesús le pide a sus apóstoles que permanezcan en Jerusalén, pues en pocos días serán bautizados en el Espíritu Santo.
En el Evangelio, Mateo señala que Jesús le pide a sus apóstoles ir por todo el mundo bautizando a todas las naciones.
Mi comentario: Notamos la referencia al bautismo fuertemente vinculada a la Ascención. En un caso, los apóstoles habrán de ser bautizados. En el otro, ellos mismos deberán bautizar a todas las naciones. Mientras cavilaba acerca de las lecturas durante la homilía, me di cuenta que el orden en que los apóstoles recibieron los sacramentos no es necesariamente el orden en que los recibimos nosotros: Primero fueron ordenados sacerdotes en la Ultima Cena, y 50 días después serán bautizados. Nosotros para hacer la 1a comunión, debemos ya haber recibido el bautismo. Interesante…
3. Los Dos Hombres de Blanco
Has de saber, lectora, lector querido, que lo que más me intrigó fue la referencia de Lucas a los dos hombres de blanco que se aparecen a los apóstoles mientras Jesús asciende en una nube. Estos dos interpelan a los apóstoles “¿Qué hacen ahí parados mirando?”
Esto me intriga por lo siguiente: Me di cuenta que el número 2 es un clarísimo hilo conductor en la obra lucana. En Lc vemos que Jesús envía 72 discípulos a misionar, de dos en dos. Tras la resurrección son igualmente dos hombres de blanco los que indican a las mujeres que Cristo ha resucitado (a diferencia por ejemplo, de uno solo, como refiere Mateo). Luego vemos que son también explícitamente dos los discípulos que abandonan Jerusalén para dirigirse a Emaús. Ahora en Hech, Lucas vuelve a hablar de estos hombres de blanco (ángeles) que también son dos.
¿Por qué juega Lucas tanto con el número 2? Eso no lo sé. Le di vueltas y vueltas a la idea en mi cabeza pero el diácono terminó su homilía y no me dio tiempo para más.
No he de dejar esta duda sin respuesta. Este hallazgo amerita un ejercicio hermenéutico del número 2 en la obra lucana. Y por supuesto que lo haré. Me muero de ganas por hacer este ejercicio y resolver la cuestión.
Iré compartiendo contigo mis hallazgos por esta vía.
Tal vez después de todo, tenga que agradecer que de cuando en cuando haya homilías que no dicen nada…
¡Apasiónate por Nuestra Fe!
-Mauricio